lunes, 11 de marzo de 2019

La historia de Judit sigue

Han pasado unos cuantos años desde que Judit salió de casa y decidió hacer su vida.
No hemos perdido el contacto con ella y las visitas, llamadas de teléfono, alguna comida, cena o fin de semana se han ido sucediendo.
No negaremos que cuando nos llama, el corazón da un vuelco pensando si todo irá bien.  Sabemos que después de probar la convivencia con su familia biológica, ahora es casi inexistente la relación con ellos.  Ella vive de alquiler y quiere ser independiente. Edad física tiene para ello y aunque no compartimos su forma de vida, tal vez sea lo que debe experimentar para entender muchas cosas.
El tiempo ha ido tranquilizando nuestra inquietud con ella, pero no descansamos y procuramos no perderla de vista, darle algún que otro consejo y recibirla cuando siente la necesidad de ser arropada por unas horas. No hemos dejado de ser su referente y no se ha perdido el vínculo. Creemos que sigue siendo lo fundamental. Y comprobamos que así es porque ella tampoco nos pierde de vista a su manera.
Estas navidades vino Sonia, nuestra hija de acogida mayor. Ya casada y que vive en Filadelfia. Nos sorprendió con el regalo más bonito que unos padres pueden recibir. Fuimos los primeros en saber que iba a ser mamá y que nos proclamaba abuelos en toda regla. Disfrutamos haciendo planes con ella. Y la alegría fue plena cuando nos confió que deseaba con toda su fuerza que su bebé respirara todo lo que ella se llevó de nosotros.
Y con esto volvemos a descubrir que aquello de que todo pasa y todo queda es cierto. El amor queda.