domingo, 6 de abril de 2014

Un hada disfrazada de jovencita

El otro día, leyendo los mensajes que, a diario, me llegan al WhatsApp del grupo de familia, observaba con envidia los muchos comentarios que mis hermanos hacían sobre sus hijos. Todos ellos dando noticias de los premios que los niños han ganado en ajedrez, olimpiadas matemáticas, creaciones literarias, vídeos de audiciones de violín, piano, violonchelo,… Como tía, me siento orgullosa de ello y soy la primera en presumir. Pero cometí el error, grave error, de contestar a uno de esos whatsApps mencionando que yo no podía alardear de las cualidades y destrezas de mi niña, de Judit. Casi menospreciando las pocas habilidades que Judit tiene para este tipo de actividades. ¡Cómo siento haberlo hecho! Judit es Judit y es única. Es maravillosa dentro de su desorden. Es capaz de adaptarse a cualquier medio sin perder su sonrisa. Es dulce y cariñosa. Es voluntariosa y asertiva. Y, lo mejor, es capaz de amar a todo ser vivo de forma incondicional por mucho daño que le hagan. Hoy, quiero hacer público este mensaje: Judit tiene mención de honor en rehacer corazones destrozados. Es un hada disfrazada de jovencita traviesa que despierta sonrisas allá por donde vaya. Su premio: el amor eterno de nosotros, sus padres ahora de acogida, pero con el tiempo….)