miércoles, 18 de agosto de 2010

Más visitas

¿Qué hacer cuando Judit dice que no quiere ir al punto de encuentro? Patalea, llora, enmudece,… De repente, las visitas con sus hermanos pasan de ser divertidas a insoportables. Judit descubre que sus hermanos mayores no son esos niños pequeños que ella recordaba, que entre ellos hay discordias, violencia,… que la acosan a preguntas sobre su familia de acogida, intentando sonsacarle datos que ella sabe que no debe contar, que le recuerdan historias que ella había programado olvidar. Son visitas obligadas por vía judicial porque la madre las ha reclamado a través de sus hijos. En algunos casos los hermanos no aparecen a la visita por olvido o porque dicen que ese día no les viene bien.
Judit sufre cada vez que llega ese momento. El reflejo de ello es que las semanas posteriores se autolesiona, se orina a todas horas, rompe y destroza todo lo que cae en sus manos,…hasta que retoma la normalidad y en unos días, vuelta a la siguiente visita.
Es decepcionante ver como se desmorona en un par de horas (que es lo que dura el proceso de la visita) todo el esfuerzo que hace Judit por sentirse feliz y tranquila.
Judit psisomatiza una enfermedad dos días antes de las visitas. Empieza a encontrarse mal, vomita, le sube la fiebre,…
Es preocupante. Muy preocupante porque a pesar de que la menor no quiere acudir a las visitas, y es evidente que no son beneficiosas para un desarrollo normal de la niña, se nos obliga a llevarla.
Llegará el momento en el que tomaremos una decisión drástica.

miércoles, 11 de agosto de 2010

Las visitas

Ya sabemos qué es un acogimiento. El menor (en este caso, Judit) vive en una familia sumergida en una aparente normalidad como un miembro más durante un periodo de tiempo (algunas veces más largo de lo que se pretende, derivando a un acogimiento permanente) . La idea es que esta personita se sienta tranquila, feliz y se pueda desarrollar recibiendo no sólo alimento, abrigo y educación, sino amor y calor familiar. Hay que transmitirle que tiene derecho a ser feliz y que puede expresarlo abiertamente. Hay que empaparla de emociones sanas, de momentos y recuerdos positivos que puedan desterrar poco a poco las malas experiencias vividas anteriormente.
A veces, la mayoría de las veces, estos acogimientos llevan consigo visitas de la familia biológica.
En nuestros dos acogimientos así ha sido.
Con Sonia fue una maravilla. El contacto con su mamá fue muy positivo con la niña y con nosotros. Tanto es así que hoy en día existe una gran relación de amistad y Sonia viene con mucha frecuencia a casa a pasar temporadas largas de vacaciones.
Sin embargo con Judit todo es diferente.
Judit tiene dos hermanos mayores que viven con la madre. Las visitas no son abiertas sino controladas en un punto de encuentro. Familia biológica y familia de acogida no coinciden y las entradas y salidas de ambas familias son a diferentes horas para no encontrarse.
La diferencia es que el acogimiento de Judit no fue un acogimiento consentido por la familia biológica como lo fue el de Sonia. Y esto se ha reflejado en las visitas que la niña ha tenido con sus hermanos.
No ha sido nada fácil para Judit el tema de las visitas. Le han traído muchos problemas y han entorpecido su desarrollo físico y emocional.
Es un tema que preocupa a Judit y que nos preocupa a nosotros.