miércoles, 28 de octubre de 2009

El colegio

A Judit, como a cualquier niño, le gusta jugar. A ella especialmente porque se refugia en su mundo de fantasía y eso le hace sonreir y estar "feliz".
El primer día que la llevamos al colegio iba encantada, contenta, ilusionada porque se sentía como los demás niños. Hay que decir que a pesar de haber estado escolarizada, se podían contar con los dedos de una mano los días que había asistido a clase en los últimos tres años.
Aterrizó en el colegio con 7 años y a un mes de acabar 1º de primaria. No sabía leer, ni escribir, ni sumar, ni comportarse dentro de un aula con las normas mínimas de convivencia.
Al salir de clase su primer día, dijo: - mami, no quiero volver!! No sé hacer esas cosa que hacen los demás niños y me miran raro porque no entiendo nada.
Desde ese momento, supimos que nos enfrentábamos a un problema más. Su comportamiento en clase dependerá de su capacidad de atención, que evidentemente es nula. La facilidad con la que se evade de las responsabilidades es asombrosa. Todo lo que suponga un esfuerzo queda apartado y ahí entran sus tareas escolares.
Las notitas en la agenda han sido y son constantes. El material escolar desaparece con frecuencia porque lo olvida o pierde o lo destruye para no volverlo a ver. El estudio le provoca sueño porque, literalmente, le aburre.
Es una lucha constante. Ella lo intenta y consigue pequeños logros y nosotros nos proponemos no desesperarnos y controlar que cumpla sus tareas. Algunas veces lo conseguimos y eso ya es importante.

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